| Nacio Carmina |
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| Escrito por Lulu Garcia L. | |
| jueves, 03 de abril de 2008 | |
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El miércoles 7 de marzo a las 6:30 am aproximadamente sentí la primera contracción, me dio risa, tenía la certeza de que ese día era EL DIA y a la segunda contracción se lo dije a mi esposo: es hoy, te juro que nace hoy. Mi esposo me sugirió descansar (como siempre) pero igual que con Ulises ya no pude pegar el ojo por la emoción, la espera de la siguiente contracción me impedía dormir
El miércoles 7 de marzo a las 6:30 am aproximadamente sentí la primera contracción, me dio risa, tenía la certeza de que ese día era EL DIA y a la segunda contracción se lo dije a mi esposo: es hoy, te juro que nace hoy. Mi esposo me sugirió descansar (como siempre) pero igual que con Ulises ya no pude pegar el ojo por la emoción, la espera de la siguiente contracción me impedía dormir. Despertó Ulises, no supe ni a qué hora y decidimos bajar a desayunar pensado en que el día iba a ser largo y que necesitábamos estar al 100% para lo que venía. Mi esposo se encargó de preparar el desayuno, ¡es buenísimo para la cocina!. ¿Cuánto pudo tardar el preparar el desayuno? bueno pues una vez que estuvo listo yo ya tenía que hacer algo con la benditas contracciones porque dolían: intentaba caminar, apoyarme de la mesa estando de pié, cualquier cosa que me ayudara a pasarlo mejor. Me dio pena no ayudar a levantar la cocina pero necesitaba aislarme y le dije a mi esposo que subía a tomar un baño, además la cosa iba tan en serio que pensaba que si no me bañaba ahora mismo seguro que más tarde ya no habría manera. También decidimos hablar con Doris, la partera, para que pudiera tomar su tiempo, luego hablamos con mi mamá para que hiciera lo propio y luego viniera a atender a Ulises. Cuando salí de la regadera mi esposo había empezado a acondicionar el nido (mi amor eres la onda con patas) y sólo de ver la habitación en penumbra ya se me antojaba encerrarme ahí. Ulises brincaba de un lado a otro en la recamara y a mi empezaba a molestarme el ruido y la luz así que me metí en la cama y me cubrí completamente, cuando venían las contracciones me ponía a 4 puntos y balanceaba la cadera. Mi esposo se metió a bañar y Ulises seguía saltando a mi alrededor, mi peque estaba súper prendido. En algún momento mi esposo habló con Doris, tengo muchas cosas nubladas porque estaba metida en lo mío así que no supe a qué hora hablaron o si eso fue antes o después de que Saúl se bañara. Acordaron que iba a pasar a vernos para saber qué tal marchaban las cosas. Nadie se hacía cargo de Ulises: mi esposo al nido y yo a trabajar este parto, pobre de mi pequeño. El nido era la onda, mi esposo cubrió las ventanas, colocó un calentador, la pelota de dilatación, una mecedora, la piscina y en cuanto me dijo que aquello estaba listo me lance al agua; había leído que una siente el efecto del agua caliente como atenuante del dolor a los 20 minutos de haber entrado pero yo lo sentí de inmediato, en medio de la contracción que estaba teniendo al entrar, sólo le dije a mi esposo: -no sabes la diferencia que hace esto- y le sonreí muy agradecida. Pasé mucho tiempo en la piscina, a veces me sumergía lo más posible, en ocasiones me tumbaba de lado, luego intentaba estar de rodillas, en fin probé de todo. Las contracciones eran muy fuertes, muy intensas...me sentía como un trapo estrujado, sentía como cada contracción me arrollaba y al final me azotaba contra algo muy duro, apenas tenía tiempo para tomar fuerza y ya tenía a la siguiente sobre mi...en muchos momento sentí que no iba a poder tolerar más y saben qué?....SI PODIA!!! siempre pude con más. Me pasé toda la labor con los ojos cerrados, apenas los abría cuando mi esposo me comentaba algo. Saúl atareadísimo manteniendo el agua de la piscina calientita, me ofrecía traguitos de té con miel de abeja entre contracciones y claro, no dejaba de darme ánimo y recordarme lo bien que estábamos trabajando. Mi marido se lleva el crédito pues sin él no sé que hubiera hecho, me habría perdido totalmente, yo estaba muy negada, me ofrecía masaje y NO, que si quieres la pelota y NO y así casi a todo lo que me sugería pero es que en verdad estaba tan hecha garras, tan sensible...nunca pensé que así fuera a ser mi labor de parto, la había imaginado diferente como más "festiva" música, bromas, pelota, baile exótico, por aquello del movimiento de caderas, y lo único que atinaba a hacer era cerrar los ojos, respirar e intentar soltar el cuerpo y dejar que esta avalancha me a llevara a dónde quisiera sin apenas poner resistencia. No recuerdo cuanto tiempo estuve encajando contracciones en la mecedora, en un momento Doris volvió a entrar y me sugirió ponerme de pié para seguir trabajando… hice lo que me decía porque temía no estar haciendo lo conveniente para que las cosas progresaran pero en realidad no me sentía bien de pie, no tenía fuerza en las piernas. Creo que encajé 2 contracciones apoyada en una silla y luego traté de colgarme de Saúl pero mi pobre marido no pudo aguantarme pues está mal de la espalda ese intento le costaría varios días de dolor. Luego le pregunté a Doris si podía volver a la piscina porque de verdad fuera no me encontraba nada bien, me dijo que si y no tarde en volver a meterme en mi refugio. Creo que en este punto Doris ya no salió de la habitación y le pidió a Saúl que se quedara cerca de mi, él se coloco justo detrás; a mi también me sugirió levantar los brazos con la contracción para ayudar a abrir el canal de parto. Con cada contracción Saúl me sostenía y yo lo abrazaba echando los brazos hacía arriba y hacía atrás. Las contracciones empezaron a ser un poco diferentes: en el pico de cada una podía sentir como útero se contraía con una fuerza que no podría describir y las ganas de empujar eran insoportables, empecé a tener miedo a gritar que se me iba a salir la KK. Pasaron 3 ó 4 contracciones así y yo necia que la kk y que la kk. Empecé a temer por un desgarre, me parecía que era muy pronto para estar en expulsivo y estaba segura que las ganas de empujar eran ganas de ir al WC, así que me negaba a empujar por temor a que saliera algo inesperado y por miedo a un desgarre, con cada contracción soplaba como loca y luego en la cúspide el útero empujando contra mi voluntad aaaaaay nooo que me moría del miedo por no poder controlar. Pensé que tenía que relajar el periné para evitar el dichoso desgarre y le dije a Doris que estaba intentando relajar el suelo pélvico pero que no lo lograba, mi tono de voz era como una súplica, deseba que me dijera qué hacer para controlar aquella fuerza y Doris me decía que lo estaba haciendo muy bien y me preguntó que si quería tocar al bebé que ya estaba cerca…más miedo aún, me negué a tocar porque temía que no fuera cierto, no quería sentir que estaba alto y que aún me faltaba un montón por trabajar. Pues eso, que yo ya estaba en expulsivo y is temores no me dejaban darme cuenta, todos los indicios presentes y yo negándolo y es que había sido todo tan rápido que de verdad pensaba que me estaban tomando el pelo para mantenerme animada. De repente EL ARO DE FUEGO y ahí si ya no lo pude negar, era tan clara la sensación que me dije ahora si soplas y relajas o ya te quiero ver con una sutura marca llorarás; en la siguiente contracción sentí cómo salió la cabeza y el dolor desapareció mágicamente, una contracción más que apenas noté y sentí como el cuerpecito salió sin apenas esfuerzo. Doris la recibió, todo el nido eran voces gritando, a todo el mundo se le olvido eso de el ambiente tranquilo, se la ofreció a Saúl que la sostuvo hasta que el cordón dejó de latir, era niña. Saúl cortó el cordón y luego me la dieron para ofrecerle el pecho pero la nena no lo quiso, estaba un poco estresada creo yo por el ruido y el cambio de ambiente. Así que mejor me salí de la tina para alumbrar la placenta. Doris le pidió a su asistente que secara a la bebé y le pusiera algo encima para que no perdiera calor y así, envuelta en una sábana y con una gorrita esperamos alumbrar la placenta en una silla de parto que me resultaba incomodísima, fue en ese mometno que la nena aceptó el pecho. Pues la placenta tardó pero salió completa y sin esfuerzo, luego tomé un bañito rápido para que Doris pudiera evaluar algún desgarre y decidir si se suturaba o no, resulto ser una laceración muy pequeña (apenas 1 cm) y sólo de piel así que guardó el material de sutura y yo me dispuse a descansar con mi cachorrita al pecho. Eran las 3:00 pm y todo había terminado, apenas podía creerlo. Supe que mi mamá se había llevado a Ulises a pasear porque había estado inquieto así que mi hijo no vio nacer a su bebé, créanme que a la hora de parir ya ni pensaba en que Ulises estuviera presente, la verdad es que me sentía tan descompuesta, tan fuera de control que no quería que mi hijo me viera así, él dice que si me vio haciendo ruidos de león. No sé que más agregar....que me sentía partida en dos pero es que no tomé ningún tipo de analgésico, esa sensación fue cediendo con los días y al cabo de una semana ya estaba como nueva a pesar de no llevar ninguna medicación. De verdad que no tengo cómo agradecer a la naturaleza por la perfección del diseño, que maravilla ¿verdad? . Lulu Garcia L.
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